Samantha Pérez Díaz, Andrea Cervantes Álvarez y Cinthia Alejandra Hernández Pérez son estudiantes de la BUAP desde que tenían 15 años; cursaron su preparatoria en la Universidad, dos de ellas la licenciatura y también el posgrado. No solo tienen en común el espacio donde se formaron, lo que más las une, aún sin conocerse, es la pasión por la ciencia, la cual conciben como una herramienta para reinterpretar su entorno.

Samantha, del odio al amor

“A mí me llena la Física, necesitaba seguir, conocer más, si me hubiera quedado solo con la licenciatura me sentiría incompleta, asegura Samantha Pérez Díaz, estudiante del tercer semestre del Doctorado en Ciencias, con especialidad en Física, del IFUAP. Ella y otras mujeres han encontrado en las ciencias puras y en la Universidad una oportunidad para desarrollar su vocación.

De primera impresión, Samantha no responde al estereotipo de un científico o científica; es una mujer con cabello rosa y morado, sonriente casi todo el tiempo. Segura de su capacidad y sus respuestas, recuerda que desde niña se sintió atraída por las Matemáticas, aunque también con el arte, fue así como nació su interés por estudiar Arquitectura, en ese entonces la Física no estaba en sus planes.

“Mi primer acercamiento con la Física no fue bueno, estaba en la secundaria y en pocas palabras la odiaba, pero cuando estaba en la preparatoria tuve un maestro que me cambió el panorama y me hizo amarla, entonces tomé un curso extra de Física básica y me llamó mucho la atención, sobre todo el electromagnetismo y los fenómenos electrónicos”.

Para Samantha, el rechazo que se le pueda tener a una ciencia parte del hecho de no entenderla, recuerda que en sus exámenes de Física le iba mal porque no le entendía y por eso trataba de alejarse lo más posible. Ahora reconoce que es una ciencia que se puede amar si la explican adecuadamente y saben acercarla al alumno.

Para la estudiante del Doctorado en Ciencias, el camino no siempre fue fácil, pues cuando tuvo que decidir qué estudiar, se cuestionó si la Física sería lo más adecuado. Ante sus dudas decidió acercarse a su familia, sus padres también le preguntaron si tenía claridad sobre las posibilidades que tendría para trabajar una vez que terminara su carrera, básicamente de qué viviría. Fue su hermano mayor, de formación ingeniero, quien convenció a sus padres, pero sobre todo a ella, de seguir el camino de la ciencia.

“Cuando entré a la carrera fue difícil la transición, porque reconoce que sí existieron comentarios que buscaban demeritar sus capacidades; sin embargo, opté por ignorar y seguir adelante, siempre enfocándome en mis metas. Fue una carrera difícil por el grado de exigencia, pero sí se puede”.

Al concluir su licenciatura, sus deseos por conocer más no cesaron, así continuó con su maestría y ahora se encuentra en el doctorado, donde trabaja en la síntesis de materiales bidimensionales, como el grafeno o sulfuros. Una vez que perfeccione su técnica de síntesis medirá las propiedades eléctricas y ópticas de estos materiales para ver cómo responden en determinadas condiciones; realizará, además, el modelado o teoría de su trabajo experimental.

Al preguntarle su opinión sobre la falta de una participación igualitaria de hombres y mujeres en su disciplina, la maestra Samantha Pérez responde que aún pesan los roles culturales asignados a los géneros masculino y femenino. En su caso, afirma, vivir aún con sus padres representa una ventaja, pues reconoce que ha tenido compañeras que desertan por tener hijos.

 “Si tu interés es tener una familia, es complicado seguir con esto, lo he visto al menos con una compañera, pero eso no quiere decir que no se pueda hacer”, refiere la estudiante de doctorado, quien finalmente reconoce en todas sus catedráticas un ejemplo, al asegurar que han impactado de forma positiva en lo que ella realiza: “te enseñan que si ellas pueden, tú por qué no”.

Para poder ver más allá de nuestros ojos

Andrea Margarita Cervantes Álvarez estudia desde los 15 años en la BUAP, es egresada de la preparatoria Emiliano Zapata y cursó la licenciatura en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas. Ahora estudia el último semestre del Doctorado en Ciencias, con especialidad en Ciencia de Materiales. Desde que cursaba la secundaria sintió interés por las ciencias exactas, quería saber cómo funcionaban las máquinas, pero sobre todo explicar los fenómenos naturales.

Su gusto por la ciencia se reforzó por las charlas con su tío, un físico que siempre tenía una respuesta para Andrea: “él viajaba mucho, decía que la Física es una ciencia que siempre se comparte y se relaciona con otras, desde entonces me llamó mucho la atención”.

Andrea reconoce que estudiar Física fue complicado por el grado de complejidad de las materias, tenía que trabajar mucho, pero eso nunca la frenó. Ahora, ya como estudiante de doctorado, concentra sus esfuerzos en el tema de materia granular, realizando experimentos con líquidos para observar distintos fenómenos físicos que pueden tener aplicación en la industria y en el transporte de aire a través de fluidos.

“Considero que el papel de las mujeres en la ciencia va cambiando, tenemos mayor visibilidad y aunque puede ser complicado para las mujeres estudiar ciencias, porque a veces te encuentras con comentarios como las mujeres son muy problemáticas o temperamentales, o, para qué estudias si te vas a casar, lo importante es ignorarlos y seguir adelante porque son más los que te apoyan”.

La ciencia ha cautivado a Andrea Margarita en muchos sentidos, aún recuerda con agrado cuando en la materia de caracterización de materiales se topó por primera vez con un telescopio electrónico de barrido, el cual le permitió observar la composición precisa de los materiales, pudo ver cómo se acomodaban las estructuras de los átomos, “eso llamó mucho mi atención, pensar que el ser humano pudo crear un equipo que permite explicarnos de qué están hechas las cosas y lograr un acercamiento a las estructuras en esas dimensiones, poder ver más allá de lo que nuestros ojos pueden ver, fue fascinante”.

Conocer para divulgar la ciencia

Cinthia Alejandra Hernández Pérez es una joven que actualmente cursa su tercer año en el Bachillerato Internacional 5 de Mayo. Su gusto por las ciencias comenzó en la adolescencia, debido a la influencia de sus profesores, así como por su curiosidad para aprender y conocer el porqué de las cosas.

Fue en sus clases de Química donde los experimentos, el manejo de materiales,  observar las reacciones que se producían, permitieron generar en ella un interés por compartir todo lo aprendido, por divulgar la ciencia.

Con un historial académico destacado, que se refleja en un promedio de 9.4, Cinthia Alejandra ha decidido estudiar Arquitectura, ya que puede conjuntar conocimientos de ingeniería, diseño y sobre todo, la creación de proyectos de alto impacto como la construcción de espacios y edificios que sean sustentables con el medio ambiente, un tema que también captura su atención.

En 2019 Cinthia tuvo la oportunidad de asistir al Campamento de Empoderamiento Científico “Por más mujeres en la ciencia y en la tecnología”, organizado por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, ahí conoció de primera mano las experiencias personales de mujeres dedicadas a la ciencia.

A pesar de su corta edad, Cinthia Alejandra ha destacado por la divulgación que hace de la ciencia, sobre todo entre niños y niñas de comunidades cercanas a Tonantzintla; asimismo, participa en la Red Mujeres Líderes STEM, un programa organizado por U.S.-Mexico Leaders Network, que dirige sus acciones a favor de la participación de las niñas y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

“Enseñarles algo nuevos a las y los pequeños, y sobre todo mostrarles conocimientos que les puedan servir a futuro, es muy satisfactorio; además es importante que desde pequeñas sepan que hay mujeres haciendo cosas muy importantes en la ciencia y que ellas también cuentan con la capacidad de hacerlo, e incluso de llegar más lejos”.

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